El cine argentino en 1976: locos en el aire y ocultamientos

Se cumplieron 50 años del último golpe cívico militar en Argentina y en los articulos periodísticos y discursos de rigor –incluyendo los de los negacionistas– volvieron a ser excluidos ciertos aspectos ligados a la existencia cotidiana de los argentinos. Es una lástima ya que, como bien saben los historiadores, los indicadores de acontecimientos políticos y sociales (datos, nombres, fechas) no son ajenos a infinidad de vivencias, costumbres y circunstancias de la vida corriente. En 1976, en medio de la represión, el solapado desprecio por los derechos humanos, la falta de garantías constitucionales y las asfixiantes medidas económicas, asomaban distracciones y temas de conversación de diversa naturaleza, desde los triunfos y fracasos de un equipo de fútbol o los cambios en la moda hasta la música que se difundía por la radio y la TV. Y estaba el cine, claro. ¿Qué películas podían ir a ver, en Argentina, los adolescentes, los padres con sus hijos, las parejas, los cinéfilos? ¿De qué manera el cine acompañaba las preocupaciones u ofrecía algo de diversión y alivio a los ciudadanos?
Lo primero que debe decirse es que, al contrario de lo que suele suponerse, no todo el cine argentino estrenado durante 1976 era mediocre: varias de las películas nacionales que se conocieron ese año se habían filmado –o habían iniciado su rodaje– en los meses previos al golpe del 24 de marzo y eran más valiosas que casi todas las que se hicieron en nuestro país en los cuatro años posteriores.
MUCHACHOS QUE REíAN. Si asistir al cine para reírse con figuras de la TV y el teatro de revistas podía ser reconfortante teniendo en cuenta el contexto, la realidad es que en 1976 predominaron comedias precarias, que se limitaban a reunir beldades femeninas alrededor de populares actores cómicos, excusa para arrojar chistes machistas. La productora Aries –dejando atrás proyectos de las ambiciones y la temática de La Patagonia rebelde– aportó dos: El gordo de América (cuyo título inicial había sido El macho de América, con Jorge Porcel y Leonor Benedetto), y Los hombres piensan solo en eso (con Porcel, Alberto Olmedo y Susana Giménez), esta última realizada en coproducción con Venezuela, ambas dirigidas por Enrique Cahen Salaberry con guion de Oscar Viale (en el primer caso, a partir de una idea de Porcel, y en el segundo, compartiendo responsabilidades con Héctor Maselli). También se pudieron ver en cines el debut como director de Hugo Sofovich (La noche que hicimos el hurto, título cambiado por el Ente de Calificación por La noche del hurto, rodada en enero, con Ricardo Espalter y Ethel Rojo), una nueva de su hermano Gerardo (La guerra de los sostenes, con Juan Carlos Calabró y Tristán) y El profesor erótico, dirigida por Rafael Cohen (único film que llegó a protagonizar Osvaldo Pacheco, cuyo hermano menor Roberto Polo Cortés, también actor, militante de la juventud peronista, pasaba a engrosar la lista de desaparecidos ese año). Se conocieron, asimismo, Don Carmelo… “il capo” (Juan Carlos Pelliza, con Eddie Pequenino) y Los chicos crecen (Enrique Carreras, basada en la obra teatral homónima de Darthés y Damel, con Luis Sandrini), pensadas para un público familiar. Esta última había sido realizada dos años antes, pero al ser calificada “prohibida para menores de 14 años” por su tema “francamente inapropiado para niños” (un hombre que se hace cargo de la educación de tres hijos extramatrimoniales de un amigo, que más tarde se los reclama), se hizo esperar: terminó estrenándose en mayo de 1976 “apta para todo público, pero no recomendable para menores”.
Se diferenciaban notoriamente de todas éstas los retratos costumbristas –no exentos de ironías– No toquen a la nena y Juan que reía, con dirección de Juan José Jusid y Carlos Galettini respectivamente, sobre guiones escritos por Oscar Viale y Jorge Goldenberg, además de la comedia negra Los muchachos de antes no usaban arsénico, dirigida por José Martínez Suárez, a partir de un guion escrito por el propio JMS junto a Augusto Giustozzi Gius. Tal vez por la fotografía de Juan Carlos Desanzo, por su homogéneo grupo de intérpretes y por la capacidad de Jusid (quien ya tenía tres largometrajes en su haber, incluyendo el notable Tute cabrero) para aprovechar la fotogenia o la capacidad de los mismos, No toquen a la nena se destaca entre las tres, con sus personajes jóvenes descontracturados –expresando con sus actitudes y su apariencia cierta idea de libertad, tan distintos a los que empezaron a mostrar las películas realizadas en dictadura y su humor bastante alejado de rasgos sainetescos; fue, de hecho, una de las pocas que compitió ese año en un festival de cine (el IV Festival del Cine de Humor de La Coruña, España, donde ganó tres premios). De todas formas, Juan que reía, que había empezado a filmarse nueve días antes del golpe, lucía avispada y con una simpática impronta barrial, y Los muchachos de antes…, filmada en 1975 y estrenada el 22/4/76, exhibía, por encima de cierta languidez, méritos ciertos. Homero Alsina Thevenet escribía en La Opinión, en referencia a los protagonistas del film de JMS (Mecha Ortiz, Mario Soffici, Narciso Ibáñez Menta y Arturo García Buhr): “Como lo han sabido apuntar otros, recordar el pasado es, en este siglo, recordar también el cine que se vio o se vivió. Y eso hacen los cuatro veteranos, en las entrelíneas de sus bromas y sus peleas”. Elegida al finalizar el año para representar a la Argentina en la competencia por el Oscar a Mejor Película Extranjera (como se decía en esa época), fue revalorizada con el tiempo, incluso por ciertas situaciones de su argumento, marcadas por la sospecha, la simulación y el ocultamiento de cadáveres.
MUSICALES PARA TODA LA FAMILIA (EXCEPTO UNO). El éxito que Aries había conseguido agrupando números musicales de populares figuras de nuestro folklore (Argentinísima, Argentinísima II) fue retomado con El canto cuenta su historia, queriendo captar, asimismo, algo del espíritu de Érase una vez en Hollywood (That’s Entertainment!, 1974, que recopilaba fragmentos de películas musicales de la Metro-Goldwyn-Mayer). En el documental aparecían Tita Merello, Los Chalchaleros, Jorge Cafrune, Ramona Galarza, Ariel Ramírez, Eduardo Falú y, entre otros, Hugo del Carril, en la que resultaría su última aparición cinematográfica. El gran cantante, actor y director pronto pasó a estar prohibido en los medios de comunicación, al igual que Mercedes Sosa, cuyas escenas en El canto cuenta… fueron eliminadas de la copia de estreno.
Otras cuatro películas con números musicales se estrenaron ese año: Te necesito tanto, amor (Julio Saraceni, hecha al servicio del cantante de moda Elio Roca), Adiós Sui Generis (Bebe Kamin, que registraba el recital de despedida de la conocida banda de rock) y los debuts en la dirección cinematográfica de Sandro (Tú me enloqueces) y Palito Ortega (Dos locos en el aire). La película de Sandro, partiendo de un guion del propio cantante escrito junto a Jorge Falcón, proponía una historia romántica que él coprotagonizaba junto a Susana Giménez (inicialmente iba a llamarse Sandro y Susana) y llegó a representar oficialmente a nuestro país en el Festival de Cine de Panamá. Menos glamorosa y turbiamente oficialista era, en cambio, la de Palito (basada en un libro de Juan Carlos Mesa a partir de una idea suya): el cantautor tucumano interpretaba a un teniente de la Fuerza Aérea quien, junto a Carlos Balá como un atolondrado soldado (“¡A su edad!” escribía el diario Crónica), transitaba situaciones livianamente cómicas, entre desfiles militares y discursos admonitorios. Todas eran “aptas para todo público” menos Adiós Sui Géneris, filmada en 16 mm y luego ampliada a 35 mm, que se estrenó siete meses después de lo previsto “para mayores de 18 años” (hace poco pude hacerle una entrevista a su director, quien brindó recuerdos bastante precisos de cómo fueron los intentos para que el Ente de Calificación la aprobara: puede leerse aquí).
EN SOLEDAD. Sola, escrita y dirigida por Raúl de la Torre (otra película que había comenzado a filmarse antes del golpe), se estrenó en agosto y compitió en septiembre en el XXIV Festival de Cine de San Sebastián, pero no tuvo éxito aquí ni allá. Las dificultades de una mujer (Graciela Borges) para comenzar una nueva vida tras separarse de su marido, eran el centro de este film desvaído en el que asomaban temas incómodos, como el acoso sexual y el aborto. Aunque muy diferentes al film de De la Torre, también tuvieron pálidos estrenos Los cuatro secretos (largometraje animado con criterio didáctico, escrito y realizado por Simón Feldman), que había comenzado a realizarse en 1975 y fue declarado “de interés especial” por el INC y el Ministerio de Educación, y la versión de Eduardo Plá de Alicia en el país de las maravillas, que, según contaba su director a La Opinión un año antes del estreno, comenzó como un proyecto realizado al margen de la industria, en 16 mm y sin actores profesionales. “Alicia representa, en cierto modo, la lógica racional burguesa” sostenía Pla en la mencionada nota periodística, adelantando que el film había sido “una experimentación constante”. Los dos, destinados al público infantil y más que estimables por varios motivos, se estrenaron en diciembre de 1976 con escasa repercusión.
TRES GRANDES SIN MIEDO AL “QUÉ DIRÁN”. Las nuevas producciones de Leopoldo Torre Nilsson (Piedra libre, sobre relato de Beatriz Guido) y de Leonardo Favio (Soñar soñar, sobre un libro propio escrito junto a su hermano Jorge Zuhair Jury) fueron recibidas con desconcierto. Finalizando el año, se estrenó también un largometraje escrito, dirigido y coproducido por Armando Bo siete años antes (Embrujada). Las tres, ya desde sus títulos, sugerían algo onírico y lúdico.
La empresa productora de Piedra libre era MBC, iniciales de Macri (Antonio y Franco, padres de Jorge y Mauricio), Bertolucci y Compañía. Iba a estrenarse el 15 de abril pero se la prohibió un día antes, por considerarse que contenía “ataques contra la familia, la religión, la moral y las distintas clases sociales, la tradición y otros valores básicos de nuestro sistema de vida, por el espíritu perverso y negativo que campea en toda la película, por su temática absurda y las variadas situaciones inauditas”. Después de atravesar una instancia judicial y de haberse exhibido en el Festival de Taormina (donde fue premiada) y el London Film Festival, se estrenó en septiembre. El fiscal de la Cámara Federal, Enrique Santiago Petrucci, había defendido su exhibición considerando, entre otras cosas, que su trama era “absolutamente fantástica”. Si ésta dividió bastante a la crítica (mereciendo incluso una nota burlona de doble página en la revista Gente firmada por el periodista Rolando Hanglin, titulada “No es lo mismo la piedra que el plomo” y con una fotografía con el epígrafe “Torre Nilsson: culpable”), fue más unánime el desdén hacia Soñar soñar, que Favio había comenzado a filmar en febrero. La fotografía de Rogelio Chomnalez era lo único que todos los críticos valoraban, al mismo tiempo que se mostraban desorientados por el protagonismo de Carlos Monzón y Gianfranco Pagliaro, tanto como por la narración que parecía perderse siguiendo las aventuras de sus personajes. Soñar soñar fue valorada con el tiempo, lo mismo que Embrujada (que Armando Bo había rodado en Brasil y llegó a las salas argentinas en noviembre de 1976), en este último caso, sobre todo, por las alucinadas escenas en las que Isabel Sarli es poseída por una mitológica criatura y entra en un estado de locura, en plena selva. Hay que reconocer que, durante el medio siglo transcurrido desde el estreno de estos films, ciertos cánones para juzgar al cine argentino fueron cambiando; por eso, tres años atrás Soñar soñar logró el puesto N° 25 en la encuesta de cine argentino organizada por tres revistas de cine para elegir las mejores de la historia, así como Embrujada tiene hoy muchos más defensores que detractores. Menos entusiasmo sigue despertando Piedra libre (no tuvo ni un voto en la encuesta antes mencionada), aunque algunos apreciamos –entre otras cosas– su rodeo por desapariciones, caprichos y pesadillas que parecen salidos de recovecos de la Historia argentina.
Valga el dato: el libro Anuario del cine 1977, de Marcos Celesia, propuso a 17 críticos cinematográficos de aquellos tiempos (entre ellos, Salvador Sammaritano, Agustín Mahieu, Alberto Tabbia, Héctor Grossi, Jorge Jacobson, César Magrini, Fernando López, Carlos Morelli y Paulina Fernández Jurado) que votaran las dos mejores de 1976: hubo diez votos para No toquen a la nena, nueve para Piedra libre, cinco para Juan que reía, dos para Los muchachos de antes…, dos para Soñar soñar, uno para Sola y uno para Los cuatro secretos. Carlos Burone, Domingo Di Núbila y Armando Rapallo votaron en blanco.
ALTA CENSURA Y ALTOS PRECIOS. El 30 de abril de 1976, el interventor del Instituto Nacional de Cinematografía, capitán de fragata Jorge Enrique Bitleston, daba a conocer las pautas con las que debía regirse el cine argentino desde ese momento, confirmadas y completadas días después con las “Pautas para la orientación y calificación de la producción cinematográfica”, que se difundían con la firma del director de prensa de la Presidencia (otro capitán de fragata, Carlos Alberto Corti). De acuerdo a estas normas, los films que “carecen totalmente de valores artísticos o de entretenimiento o que atenten contra los propósitos de reintegrar y revitalizar nuestra comunidad, ofendiendo los sentimientos mayoritarios de sus habitantes y de sus nucleamientos” no serían permitidos, y su exhibición sería “prohibida en forma parcial o total, temporaria o permanente”.
El 14 de mayo se establecía la obligatoriedad de copiar en laboratorios argentinos las películas extranjeras, emitiéndose en octubre una nueva resolución que confirmaba la anterior con determinadas concesiones, reglamentándose el ingreso al país de una copia original por título como control de calidad. Si esto demoró algunos estrenos, otro impedimento para ir al cine era el precio de las entradas. Y, así como los costos de un film nacional habían aumentado diez veces desde mediados de 1975, la censura (con Miguel Paulino Tato al frente del Ente de Calificación Cinematográfica desde julio de 1974) hacía estragos. Además de los problemas antes señalados, cabe agregar que el estreno de No toquen a la nena se atrasó por objeciones de la censura, que películas de “humor picaresco” como La noche de los sostenes El profesor erótico se conocieron con numerosos cortes, y que muchos actores y actrices de las películas estrenadas durante 1976 (Lautaro Murúa, Federico Luppi, Marilina Ross, Bárbara Mujica, Luis Brandoni, María Vaner, Norma Aleandro, Chunchuna Villafañe, Alberto Fernández de Rosa) no volverían a verse en cine y TV por varios años, con casos extremos como el de Luis Politti (protagonista de No toquen a la nena, que murió exiliado en España en 1980) o de cineastas como Raymundo Gleyzer (camarógrafo de Adiós Sui Géneris, secuestrado y desaparecido el 27 de mayo de 1976).
Ir al cine era un buen plan, a pesar de todo, en aquella Argentina con TV en blanco y negro, sin videocaseteras de uso familiar ni canales de cable. Las más vistas ese año fueron las estadounidenses Infierno en la torre (John Guillermin), El Padrino II (Francis Ford Coppola), Tarde de perros (Sidney Lumet), El joven Frankenstein (Mel Brooks), Contacto en Francia II (John Frankenheimer), El regreso de la pantera rosa (Blake Edwards), Tres días del cóndor (Sidney Pollack) y Terremoto (Marck Robson), las francesas La carrera de la cebolla (Claude Zidi), Basta de problemas (Georges Lautner) y La agresión (Gérard Pirès), las italianas Nos habíamos amado tanto (Ettore Scola), Grupo de familia (Luchino Visconti) y La última nieve de primavera (Raimondo Del Balzo), y la española Cría cuervos (Carlos Saura), algunas en cartel desde el año anterior. Entre los estrenos destacados de 1976, cabe señalar dos films de Werner Herzog (Aguirre, la ira de Dios y El enigma de Kaspar Hauser), Alicia ya no vive aquí (Martin Scorsese), Dersu Uzala (Akira Kurosawa), La historia de Adela H. (François Truffaut), Maridos (John Cassavetes), El pasajero (Michelangelo Antonioni), Tommy (Ken Russell), La última noche de Boris Grushenko (Woody Allen) y Tres tristes tigres (Raoul Ruiz). Vale aclarar que varias de las mencionadas se estrenaron con cortes, así como otras eran directamente prohibidas por el Ente de Calificación.
Mientras generaban expectativas los nuevos films de David José Kohon (¿Qué es el otoño?) y Sergio Renán (Crecer de golpe) –que comenzaron a filmarse en octubre y diciembre respectivamente–, las exhibiciones y concursos de cine en super 8 que organizaban UNCIPAR y el Instituto Goethe eran breves destellos de luz en medio de un país sumergido en las sombras.

Fernando G. Varea

Fuentes: Anuario del cine 1977 (Marcos Celesia, Corregidor), Cine argentino ’76 (Jorge Abel Martín, Ediciones Metrocop), Decíamos ayer / La prensa argentina bajo el Proceso (Colihue).

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