Pequeño mundo entre colores y sabores

JOTA URONDO, UN COCINERO IMPERTINENTE
(2025; dir. Mariana Erijimovich / Juan Villegas)

Si la experiencia del cine excluye los sentidos del gusto, el olor y el tacto, hay que decir que el documental Jota Urondo, un cocinero impertinente se deleita con esos sentidos al punto de hacerlos casi perceptibles. Esto no significa que, siguiendo a la persona que retrata –Javier Urondo, chef y responsable de un bar nada sofisticado pero a todas luces acogedor–, la cámara tiemble con agitación; por el contrario, el registro es cuidadoso, se diría amoroso, con preponderancia de planos fijos y atención a los detalles.
Codirigido por Mariana Erijimovich y Juan Villegas (quien ya se había mostrado interesado en registrar gente cumpliendo con sus compromisos laborales en Los trabajos y los días), el film expone ese pequeño mundo en Parque Chacabuco, del que apenas sale para mirar su entorno desde arriba –gracias a un par de tomas con drones–, trasladarse por algunas calles cercanas y visitar el Mercado Central, otro micro-mundo con reglas propias, en el que colores y olores afloran a cada paso. La terraza del bar, a su vez, repleta de plantas atendidas con esmero, sugiere también el contacto con materiales nobles.
Al hablar de su trabajo, Urondo desliza comentarios sustanciosos sobre distintos alimentos e incluso sobre el acto de comer (“no es divertido: es algo serio, una necesidad”, afirma invitando a pensar, como en otras ocasiones). El crecimiento del “barrio coreano” en los alrededores resulta para él un hecho más provechoso que problemático, así como en el hecho de amasar el pan –por encima del esfuerzo físico que implica– encuentra el valor de estar repitiendo una práctica que parece haber acompañado el curso mismo de la humanidad. Al registro de las rutinas de trabajo (de las que participan un mozo amable y serio, más algunos ayudantes), se agrega, cada tanto, una elegante música incidental.
Promediando la película se confirma, sin énfasis, un dato importante: Javier es hijo de Francisco Paco Urondo, poeta santafesino, Director General de Cultura de nuestra provincia a los 28 años, periodista y militante político, asesinado por la represión de la última dictadura en junio de 1976. En el bar se lo invoca con algunas fotografías y no mucho más, y lo mismo ocurre con el documental de Erijimovich/Villegas. Esto último es razonable, ya que el eje de la película no es él sino su hijo, quien lo recuerda con más cariño que admiración, confesando la molestia que le despierta cierta mitificación de su figura. Sin embargo, la mirada de Javier Urondo sobre su oficio, su actitud ante la vida y algunas reflexiones que propone, sin solemnidad (“Para vivir necesitás cierto colectivismo”; la valoración del hecho de “dar de comer”; la crítica a los alimentos que se consumen a nivel global), encuentran cierta identificación con quien alguna vez escribió, refiriéndose a otro bar: “Es un lugar parecido a una cueva, donde uno se sienta, bebe y ve pasar hombres enrarecidos por distintos problemas. Es una gran linterna mágica. Es una gruta retirada del mundo que cobija sus criaturas. Uno se siente allí ferozmente feliz.”

Fernando G. Varea

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