Entre las pocas películas que pudieron representar a nuestro pais en festivales internacionales en estos últimos dos años, se encuentra La noche está marchándose ya, por la que merecieron el Premio a Mejor Director en SEMINCI (Semana Internacional de Cine de Valladolid, España) sus jóvenes realizadores, Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas. Cordobeses ambos, premiados en la edición 2021 del BAFICI por su notable corto Mi última aventura, acreditan también logros por separado: Sonzini es fundador de revistas de cine (Cinéfilo, La vida útil), coordinador de la Semana Mundial de la Cinefilia, montajista y ocasionalmente actor (Las cosas indefinidas), en tanto Salinas cuenta con una importante experiencia como productor, guionista y, sobre todo, director de fotografía. Aprovechando su paso por Rosario, hablamos con ellos. Predispuestos a la charla, de actitud franca, se mostraron interesados en discutir algunos aspectos de su película, cuya acción transcurre casi enteramente en el ámbito del Cineclub Municipal Hugo del Carril de la ciudad de Córdoba, que ambos conocen muy bien por sus actividades, amistades y afición cinéfila: a esa cuestión apuntó la primera pregunta.
– Al escribir sobre La fuga (1937, Luis Saslavsky), Jorge Luis Borges sostenía que entrar en un cine de la calle Lavalle y encontrarse en la bahía de Bengala o en Wabash Avenue le parecía preferible a entrar en ese mismo cine y encontrarse en la calle Lavalle. Les pregunto si se plantearon eso: cómo hacer para que un espacio conocido se convierta en otra cosa, más allá del homenaje.
Ramiro Sonzini: – Me encanta que hayas pensado en eso, por muchas razones. Borges jugaba a ser crítica de cine de manera un poco oblicua, ironizaba sobre las ideas. Y estaba muy inscripto en una discusión que se estaba dando en el cine argentino, sobre qué cine nacional se quería hacer. Él estaba un poco alineado con la postura de la alta intelectualidad liberal, de la revista Sur y demás, bastante en contra de la tradición (Manuel) Romero digamos, del cine popular, del cine reflejo de la realidad, el peronismo avant la lettre. Pero había algo interesante en esa frase que era como decir Me esperaba encontrar lo que a mí me gusta del cine, el cine norteamericano que me interesa, y encontré algo que en teoría no me iba a gustar. Saslavsky era un tipo que no trabajaba a partir de un realismo naturalista, sino que había algo del cine filtrando la realidad. Algo de eso estaba en nosotros desde el principio, cuando ya sabíamos que íbamos a filmar en el cineclub y que queríamos contar una historia relacionada con lo inmediato, como sacada del diario, que íbamos a trabajar con amigos nuestros y tomar una distancia de eso reconvirtiéndolo en otra cosa, con las pocas herramientas con las que podíamos disponer. Esa apuesta nos entusiasmaba.
Ezequiel Salinas: – La cita de Borges que vos traes tiene, contradictoriamente, dos cosas que nos interesaban. A nosotros sí nos interesaba que ese cine fuera el de nuestra ciudad, y que esa ciudad que se ve en la película sea la nuestra, porque sirve para hacer que Córdoba exista en el cine, como existen tantos lugares. Y, por otro lado, todo lo contrario, que a ese mundo que es un reflejo de la realidad había que transformarlo para que cobre cierto espesor.
– Es interesante el trabajo con la iluminación, las sobreimpresiones y transiciones, la composición de los planos. ¿Cómo fue todo lo relativo a los aspectos formales del film?
ES: – Hubo mucha intuición para usar el rodaje como un dispositivo lúdico. Estábamos cerca de no filmar más películas por el contexto nacional y la película, de alguna manera, vino a ser como decir Tenemos esta habitación de juegos, soltemos y tratemos de jugar lo más posible. Nos interesaban la comedia americana, el slapstick y el expresionismo alemán por su características plásticas. Eso nos inspiraba. Entonces había un ida y vuelta, tomando una referencia y tocándola con nuestras notas, como hacer un cover.
– Los planos en los que se manipula dinero me hicieron acordar a El dinero (1983, Robert Bresson) y me generaban la duda: ¿por qué darle esa visibilidad? Incluso en esta época en que se usan mucho las tarjetas y transferencias.
RS: – El billete tiene mucha más potencia narrativa. De hecho, filmar pantallas de celular es un problema, es raro. Creo que no hemos encontrado la manera de volver eso interesante. Nos fuimos dando cuenta en el camino. Esta es una época totalmente dominada por lo digital, por la idea de ser tu propio jefe. Nos dimos cuenta que para resaltar eso estaba bueno poner algo al lado que contrastara, entonces Pelu (Octavio Bertone) es como que se quedó en lo que vino inmediatamente antes: un trabajo asalariado, pagado con billetes, en pesos. Hay una especie de gran bache entre su manera de entender el trabajo y el dinero, y la de Vale (Juana Oviedo), que viene de un palo distinto. Además, había un chiste interno menor: como los volúmenes del dinero se han vuelto un poco delirantes, pagar el alquiler resulta una torta de dinero y resultaba un gag. Ahora estamos escribiendo otro guion y cuando hay un diálogo que tiene que explicar una cosa, nos genera sospecha. Esto de los billetes era una manera de contar varias cosas sin decir nada.
– Hay una cantidad de situaciones que parecen servir para desacralizar el ámbito de un cine, para quitarle ese halo de encantamiento o irrealidad que los cinéfilos siempre decimos que tiene: roban cosas, la chica muestra un consolador, ensucian, se tiran pedos imitando lo que escuchan en una película.
ES: – No es una idea que manejamos a priori. Nosotros no íbamos en contra de lo que vos estabas nombrando, de las películas que hacen del evento de ir al cine una ceremonia o una liturgia. Pero sí hay una idea que viene desde que empezamos a escribirla: qué pasa cuando un espacio que sirve para una cosa empieza a servir para otras. Eso fue un disparador. Terminamos descubriendo que ese uso, de alguna manera sagrado, que tiene para los cinefilos la sala, sigue existiendo. Porque también tiene que ver con compartir las películas con alguien, como cuando están viendo la película de (Yasujirô) Ozu y que eso genere cosas, como querer tirarte pedos, que nos pareció una situación enérgica y divertida. Para nosotros, la sala es un lugar importante, al que le tenemos el mayor de los respetos y el mayor de los cariños. Pero nos gusta ver una película tomando cerveza o poder tener guiños con la gente que la está viendo con uno. Y nos pareció interesante que justamente el Only Fans sucediera en la sala. Son formas de chocar ideas.
– No me queda claro si La noche está marchándose ya hace una defensa de la sala de cine. Si un cine cerrara para convertirse en un refugio para gente en situación de calle o sin trabajo ¿estaría bien? No dejaría de ser interesante discutir eso.
ES: – Ese no es el discurso de la película.
– Pero los personajes no hacen nada para que la sala siga en pie. Lo del cine empieza a ser como secundario. Podrían no pasar películas.
ES: – Nunca se deja de usar la sala para ver películas. La función de ver películas está en la sala y es inherente a lo que nos comparten. El cine no cierra. Nosotros no decimos Che, no importa si dan películas mientras ellos tengan un lugar donde dormir. Lo que pasa es que impulsamos la idea de que la sala puede albergar muchas más cosas. Obviamente, con un discurso hiperbólico. Pero nunca aboga por la distinción alpargata sí, libro no, o libro sí, alpargata no. Es como libro y alpargata.
RS: – Y termina con ellos abriendo el cine, metafóricamente. Pero no están robando un espacio, están devolviendo un espacio a la gente, es un espacio público que se cerró y ellos lo abren. Es la metáfora más evidente de la película, un poco burda incluso. Terminan tirando la chapa que cierra la puerta para que el público pueda entrar. Las razones por las que nosotros hicimos la película con las cosas que lo hicimos no son, en principio, de este orden, porque creemos en este tipo de políticas públicas. Hay algo que es mucho más impreciso, más vinculado al deseo, al gusto, a las posibilidades económicas, a lo que tenemos cerca, a lo que se nos ocurre en el momento. Pero sí, sobre todo, lo que no negociamos es hacer lo que nos de ganas, lo que nos guste como ficción y como espacio, que nos parezca atractivo. Que se parezca lo más posible a las películas que a nosotros nos gustaría ver. Eso es lo que está para mí primero que todo, antes que la visión política de la actualidad. Obviamente, después todo eso está, porque nos atraviesa cotidianamente. Sería muy tonto pensar que uno se puede desembarazar de su mochila ideológica. Y uno intenta jugar con eso. Jugar con eso es, literalmente, jugar. No siempre uno dice las cosas de manera frontal y directa. A veces es irónico.
– Al Pelu se lo ve impotente, como que no sabe qué hacer. Yo pensaba que podría ser una representación de lo que le pasa a los argentinos, que ven que las cosas están mal, que va faltando el trabajo, pero no saben qué hacer.
ES: – Para mí, Pelu no es un personaje impotente ni es un héroe revolucionario. Tiene matices. Toma las decisiones que le parece que tiene que tomar. Frente a la posibilidad de dejar entrar o no a sus amigos a dormir en el cine, se los permite, y defiende esa posición frente a sus compañeros de trabajo. Al tener que debatir con un compañero quién se queda con un puesto de trabajo, lo tiran a la suerte. Toma decisiones que los otros personajes quizás no tomarían. A veces no sabe para dónde ir, pero acciona. Y su horizonte es accionar. Ese es el motor de la película.
RS: – De todos modos, uno no es dueño de las metáforas que puedan aparecer. Me parece que todas son lecturas posibles. Lo que te podemos decir es que no lo pensamos en esos términos. En mi faceta como crítico, cuando hacía muchas entrevistas, me pasaba que cuando los directores me hablaban de intuición me daba gusto a poco ¿viste? como si la intuición fuera la respuesta menos interesante.
– Tal vez sea que, ante el momento tan crítico que estamos atravesando los argentinos, todo suena a poco, incluyendo lo que exponen las –pocas– películas que se están haciendo.
ES: – La noche está marchándose ya la empezamos a hacer en el momento más jodido. Las situaciones que se ven tienen que ver con nosotros, porque también nos quedamos sin laburo, empezamos a contar todos los pesos hasta fin de mes para pagar el alquiler, etcétera. No son muchas las que hablan de estos temas porque la contingencia hace que vayan quedando atrasadas en relación a lo que está pasando. Pero, ¿qué le estás pidiendo al cine? Es una pregunta frente a un espejo. Saquemos el cine de lado; yo te digo, ¿para qué seguir haciendo una marcha, si marchó un millón y medio de personas y el presupuesto universitario no se aprueba, a pesar de que ya lo pidió hasta la Corte Suprema? Entonces también es insuficiente. Pareciera que los que se han declarado nuestros enemigos están jugados.
– Pero peor sería no marchar ni reclamar.
RS: – Y peor no hacer películas.
ES: – Peor es no hacer películas y que éstas no dialoguen con el presente. A la nuestra le cabe todo ese tipo de críticas: si es suficiente su discurso político, si refleja o no la etapa que estamos viviendo en toda su profundidad, todo ese tipo de cosas. De hecho, hay muchas críticas, no a todo el mundo le gusta la película y lo han manifestado. Pero, en esa disyuntiva, es mejor que tenga esas señas a que no las tenga. Y la nuestra las tiene. Vos la viste y te das cuenta que es una película que se filmó en esta época, bajo esta circunstancia. ¿Podría ser más? Sí, podría ser muchas cosas más. Además, volviendo a tu cita inicial. ¿Vos querés entrar a un cine en la calle Lavalle y ver un cine en la calle Lavalle? El cine puede ser muchas cosas más y no solamente en relación a lo que uno ve, sino a lo que uno siente. Queríamos que nuestra película fuera sobre ciertas cosas porque nos competen, tienen que ver con el universo en el que vivimos. Y queríamos que tuviera otras. Porque también hay un gesto utilitario de que las cosas tienen que servir para algo. Tiene mucho que ver con lo que promueven las ideas de este gobierno, eso de que las cosas sirven para una cosa y si no, hay que descartarlas. Estoy en contra de eso. Tampoco tengo que dedicarme solo a pensar en retratar la Argentina de Milei porque mi mundo es más que eso, es mucho más rico. Es mucho más que mis amigos que se quedan sin laburo, es también cómo mis amigos se constituyen en una comunidad para protegerse. Después, las habilidades del cineasta permiten cristalizarlo mejor o peor, con mayor o menor profundidad. Nuestra película es hija también de una gran desorientación política. Empezó el día que Milei ganó las elecciones. Es hija de la perplejidad de ese momento, de decir ¿Qué hacemos ahora?
– Un poco lo que yo decía del protagonista, que está como perplejo.
RS: – La película carece de la misma respuesta política que la oposición. Tiene una trampa clave que es que nosotros elidimos cómo una comunidad heterogénea se organiza para llevar a cabo una acción política, que es abrir el cine, ese gran movimiento muy sintetizado del fin de la película. Lo que no mostramos es lo que no sabemos, cómo se tiene que hacer en la realidad. Esa es la carencia, esa es la insuficiencia política de la película, que está muy a tono con la realidad que estamos viviendo.
ES: – Nuestra película también habla de cómo el espacio público y el espacio comunitario son avasallados. Eso es algo que resuena acá, en Rusia, en España, en Portugal, países que también están atravesados por el mismo discurso. Así como se pierden los cines, se pierden las plazas, los clubes de fútbol de barrio, y tantas cosas más.
RS: – En Rusia no existe la libertad de expresión. Nuestros problemas son unos problemones, pero no estamos en el fondo de la olla. Se puede caer mucho más todavía. Quizás tengamos cuatro años de caída. Ojalá que no, pero sí resuena eso que dice el Eze, y que la película cuenta de manera muy didáctica, muy simple, esto de O nos quedamos todos solos, o nos juntamos para llevar una vida más amena, más amable, que nos permita tener momentos de felicidad, por más que seamos pobres, no tengamos casa, etcétera.
ES: – Yo no me acuerdo si con Rami lo charlamos o no, pero sí que había algo de la relación de la película con el presente y era de cómo se vincula la gente. Están tratando de construir una sociedad odiante, donde no importa el otro, donde si te puedo pisar, te piso, donde mis derechos son más importantes que el tuyo. En eso, creo que teníamos una intuición, no sé si política, pero humana. Filmarlo le da un horizonte de posibilidad. Porque si uno deja de ver películas donde la gente se abraza, también va a creer que la gente no se abraza.
– Está muy bien, aunque pienso en buenas películas donde eso no sucede, como Nueve Reinas (2000, Fabián Bielinsky).
ES: – Pero ahí también hay un grupo de amigos que tratan de llevar a cabo un plan, la vinculación se da desde otro lugar… Personalmente, no tengo claro políticamente cuál es la mejor estrategia para que este gobierno no continúe. Espero tenerla cada vez más clara. Sí creo en un mundo donde la gente se vincula desde la solidaridad, desde abrazarse, desde el cariño, desde creer que la amistad tiene un valor. Y es un mundo que hay que filmarlo, hay que darle entidad.
– ¿Qué es lo mejor, o lo más inesperado, que les pasó hasta ahora con la película?
RS: – Nos pasaron un montón de cosas lindas. Viajar está buenísimo, porque uno no tiene la plata para hacerlo. Conocer gente, lugares nuevos. Aunque es una experiencia más: no nos cambia la vida a ninguno de los dos. A mí lo que me gustó realmente mucho fue filmarla. El rodaje lo recuerdo como muy agotador –sobre todo para Octavio, el protagonista, porque filmábamos toda la noche y durante el día no podíamos seguir con las cosas de la vida cotidiana–, pero fue muy feliz. No estábamos con un plan, pensando Esto tiene que ser el lanzamiento de mi carrera. Había una plata y había que gastarla o no gastarla. Fue en nuestra casa, con nuestros amigos. Todo lo demás vino como de yapa.
ES: – Yo hace 20 años que trabajo haciendo cine en Córdoba. Soy DF, fui asistente de cámara, eléctrico. Laburé un montón. Y en esta película hay pedacitos de toda esa historia que viví con mucha gente. Eso es muy satisfactorio. Todas estas cosas de los festivales, los premios, tienen un lado muy banal, que no es muy difícil darse cuenta cuál es y que tiene que ver con que te acaricia el ego. Pero también tiene un lado estimulante: que colegas que uno admiró vean tu película y te digan Felicitaciones, me parece esto, me parece lo otro. O estar sentado discutiendo con vos, o que escriba gente que uno alguna vez leyó y admiró. Es estimulante para pensar cómo se sigue haciendo cine, más allá de lo que pase en los próximos cuatro años. Y lo más lindo fue el rodaje, sin dudas.
Fernando G. Varea
