La 27° edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires incluyó cuatro trabajos realizados por rosarinos. Dos de ellos son documentales centrados en figuras del ámbito artístico: Cyrano en mi cabeza, escrito y dirigido por Maxi Gutiérrez, que se ocupa de la versión de Gabriel Goity de la obra teatral Cyrano, y Lo Noy, con guion y dirección de Mario Varela, retrato del poeta y dramaturgo Fernando Noy; ambos exhibidos en la sección Artes y Oficios. Los otros son el cortometraje Todos los nombres empiezan con M, dirigido por Carla Scolari, que se presentó en la sección Lugares, y el largo Mis premios, de Nicolás Valentini, español radicado en Rosario, que formó parte de Cine sobre Cine. Les formulamos a ambos las siguientes preguntas, con el objetivo de conocer algo más sobre sus producciones.
1) ¿De qué trata y cómo es tu película? ¿Cómo pudiste financiarla?
2) ¿Cómo fue tu experiencia en el BAFICI?
CARLA SCOLARI
1) Mi película cuenta una tarde en la vida de Maya, una persona trans que vuelve a su pueblo natal para reencontrarse con su madre, a quien no ve desde hace muchos años y tiene un grado de Alzheimer muy grande. Mientras sucede este encuentro, en paralelo, en ese pueblo están buscando la imagen de una Virgen que se perdió. De repente, un paseo entre las dos y esta historia se cruzan. Entonces pasan cosas inusuales en las vidas de las dos, que cambian un poco cómo se ven una a la otra en esta nueva etapa. La pudimos hacer gracias a que pudimos obtener el subsidio de Espacio Santafesino para las industrias culturales. Una parte la pudimos financiar con ese aporte invaluable, ademas de todas las personas que trabajaron en el corto, técnicos y técnicas rosarinos, muchos amigos, que aportaron su sabiduría y su energía. Terminado el rodaje, pudimos acceder a dos premios en Ventana Sur para la posproducción de sonido e imagen, para lo cual fuimos a Uruguay. Gracias a eso se escucha y se ve perfecto. Y también sumamos ahorros míos y de la productora.
2) El estreno en el BAFICI fue una experiencia increíble. Fue el estreno argentino, porque antes la habíamos exhibido en el Festival Regard, que se hace en un pueblito cerca de Quebec. Amamos y bancamos un montón el BAFICI, fue una alegría muy grande poder mostrar el corto allí. El público recibió increíblemente las cuotas de humor y de ternura. Fue hermoso escuchar las risas en los momentos en que uno espera que se escuchen, eso es lo que más calor al pecho te da. Hubo también lindos comentarios de todo el equipo y del público.
NICOLÁS VALENTINI
1) Es la experiencia de un documentalista que intenta descifrar qué busca el jurado de un festival para premiar una película. En ese camino aparecen el fracaso, situaciones delicadas y un desengaño profundo respecto a las expectativas iniciales. La película trabaja con humor un aspecto trágico de ciertos sueños implantados, modelos de carreras de éxito que diseñan un fracaso casi seguro por ser incompatibles a la realidad, como hacer “películas soñadas” bajo precarias condiciones. Hay una especie de “autorreferencialidad distanciada” con una serie de acciones concretas más que representativas. En ese sentido, la autorreferencialidad es decisionista y no enuncia explicaciones autobiográficas. La producción se hizo con recursos propios: dinero personal, equipos de trabajo y pasajes pagados de bolsillo. Hubo una instancia clave cuando Gombrowicz o la inmadurez (2024) se presentó todavía inconclusa en Pulsar y luego en un laboratorio de postproducción en el CCK, donde durante una semana se trabajó con el apoyo de la organización del FIDBA, que cubrió el hotel. La película se filmó prácticamente en soledad, salvo algunas ocasiones en las que Rubén Plataneo ayudó con la cámara durante la presentación del WIP en ese certamen. Pero la mayor parte del tiempo la cámara estuvo montada en un trípode, con un corbatero como micrófono, asumiendo todas las tareas técnicas en condiciones que distan de ser ideales, pero que hicieron posible que la película existiera. También hay registros de Ventana Sur y del BAFICI para completar parte del universo del cine local. La música original fue compuesta por Javier Pittorino, un artista con quien existe un vínculo previo como lectores de Gombrowicz. De esos intercambios surgió una afinidad que terminó de darle a la película su clima sonoro.
2) El BAFICI era el lugar ideal para que llegara a ser comprendida. Muchos me decían que cuando terminó la película parecían estar todavía dentro de ella. Algo extraño que pasó fue que, al final, una mujer asiática, joven, de repente me preguntó delante de todos cuán creyente soy. Todos quedamos en silencio, yo dije “Bastante” y el intercambio se cerró allí.

Imágenes: fotogramas de Todos los nombres empiezan con M (izquierda) y Mis premios (derecha).

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