Un poeta en el naufragio del Siglo XXI

UN POETA
(2025; dir. Simón Mesa Soto)

(Por EZEQUIEL GUERRICO)
“Pero nosotros qué somos sino ebanistas que trabajan el leño de la cabeza humana”
El poeta es un obrero (V. Maiakovski, 1918)
Tal vez el fracaso personal de Oscar (Ubeimar Rios) pueda argumentarse, describirse y justificarse de múltiples maneras. Sin embargo, la potencia del film radica, entre otras cosas, en “poner algo donde no va”, ese leit motiv de la comedia, pero también del drama, funciona como el corazón de esta pequeña gran obra.
La idea de un poeta del Siglo XXI es incómoda, ridícula aunque provocadora. En la época de las redes sociales y su farsaica promesa de que “todos podemos emprender el sueño de ser lo que queramos”. Donde un hombre fracasado de mediana edad ve morir el sueño de convertirse en un artista de la palabra en un mundo que no valora nada que no sea posible de generar likes, monetización y viralizaciones digitales, encaramados en cuerpos y rostros bellos, esculpidos y felices.
Oscar perdió todo lo que alguna vez tuvo desde su exitosa obra en la juventud, hasta su hija, su familia, pasando por su trabajo, el respeto de sus colegas y, sobre todo, ese fuego sagrado que supo tener.
Ahora se encuentra borderline con la locura, con la muerte, y se convirtió en un paria. Perdió la brújula, dejó de creer en las grandes ideas y ahora confía en estafas piramidales salvacionistas. Mientras tanto, se mata con el vasito que alimenta su ensoñación utópica de convertirse en el análogo del héroe trágico –aunque trascendental– que representa: José Asunción Silva.
Esa idea que titula la película suena tan descabellada como provocadora. ¿Existe la poesía hoy en día? Y en el caso de que no sea así ¿quiénes la abolieron? ¿La poesía pertenece al pasado? Y el cine: ¿é morto o non é morto? Claro, es que la propuesta puede trasladarse hacia otras disciplinas de la creación artística. Incluso pensar si el director no está hablando de su propia quimera cinematográfica. ¿Y qué hay de aquellos/as que ocupan los altares del funcionariado, la curaduría y el ministeriaje del arte, la cultura, la innovación y la creación humana, a través de los despachos y sus pequeños silloncitos de poder?
Acaso lo que ha muerto, o está cadavéricamente sobreviviendo a regañadientes, sea la capacidad de construir cultura/arte en este momento decadente de la civilización humana. Preguntas, disparadores, ideas que Un poeta tira sobre la mesa. Tal vez a esto se deba el “fenómeno” que está generando el film colombiano de Simón Mesa Soto, que, sin tener aún estreno comercial en muchos países, ha conquistado simpatías en diferentes latitudes (así como una buena performance en su recorrido en festivales internacionales). Es de esas películas que narran pequeñas historias proporcionando grandes debates.
El epígrafe de este texto es un poema que discute el rol del trabajo intelectual y creativo versus el trabajo físico o el trabajo asalariado: histórica discusión, que ya en tiempos de Vladimiir Maiacovski (poeta revolucionario y suicida) era vieja en su planteamiento (“eso del artista, no es trabajo”). Pero el eterno debate vuelve siempre, actualizado por la época.
Qué necesario es cuando se habla del fracaso del poeta, del artista, del cineasta, del obrero, del profesional. Del tuyo, del que nos toca vivir diariamente, para reflexionar acerca de cómo mitigar nuestro desencuentro cotidiano con la vida.

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