LA NEGOCIACIÓN
(2025, Dead’s man wire; dir. Gus Van Sant)
Mediando la década del ’70, Sidney Lumet (1924-2011) dio que hablar con dos intensos films que, exponiendo desesperados gestos de rebeldía, cuestionaban cierto estado de descomposición social en la sociedad estadounidense: Tarde de perros (1975) y Network: Poder que mata (1976). El nuevo film de Gus Van Sant parece recrear el espíritu de aquellos, a partir de un caso real ocurrido precisamente en 1977, en Indianápolis: sintiéndose razonablemente traicionado por una compañía de seguros, un tal Tony Kiritsis toma como rehén al hijo del dueño, conectando un arma a un cable rodeando su cuello (de allí, el título original), con la intención de ser resarcido por los intereses usurarios de la corporación y exigiendo disculpas.
Van Sant (cuyo último gran film fue Paranoid Park, casi veinte años atrás) se muestra cómodo en lo que podría considerarse un subgénero que tiene algo de drama, de denuncia y de policial, el de hombres solitarios –con evidentes problemas emocionales o psiquiátricos– descargando su ira ante quienes consideran responsables de sus frustraciones, lo que podría incluir desde Taxi Driver (1976, Scorsese) hasta Joker (2019, Phillips). La historia es recreada por el guionista Austin Kolodney, respetando las fórmulas esperables en este tipo de films –como el interés, e incluso la identificación, que estos antihéroes anónimos despiertan en los ciudadanos–, pero es el estilo que le imprime Van Sant lo que la potencia, imponiéndole de manera muy natural marcas de aquella década. Esto va más allá de los automóviles, los teléfonos, los muebles y la ropa de los personajes: están también la seducción que ejercía la radio, la voracidad de la televisión, la maravillosa música que se escuchaba entonces, y hábitos varios, como fumar en todo lugar. Por momentos, el montaje juega agregando imágenes de otro tipo, por ejemplo, un portarretrato con una fotografía de Tony niño junto a su madre, o la TV encendida, mostrando los sucesos que suceden al secuestro pero también escenas de westerns y hasta la entrega de un premio a John Wayne.
De la suma de estos detalles resulta un film quizás pequeño en sus ambiciones pero potente, que por ahí descuida a algunos personajes, como el DJ radial (Colman Domingo, visto este año también en El día de la revelación), la joven periodista televisiva (Myha’la) y el hermano del protagonista (Daniel R. Hill), que pareciera que van a cobrar más relevancia en la trama y terminan desdibujándose. Tony, en tanto (interpretado por un exacto Bill Skarsgård), ha sido trabajado con adecuados matices, mostrándose tan temerario como frágil, inmaduro y perturbado. La sagacidad con la que el director ha sabido retratar, a lo largo de su obra, a jóvenes indóciles y, a la vez, desprotegidos, vuelve a advertirse aquí, donde el antagonismo de Tony con su víctima (Dacre Montgomery) puede encontrar un equivalente con el del marginal Mike (River Phoenix) con el acomodaticio Scott (Keanu Reeves) en Mi mundo privado (1991).
Otra virtud de La negociación, nada desdeñable en estos tiempos, es la de exponer con aspereza las consecuencias de los abusos de empresas financieras. Sin spoilear, digamos que algunas cosas que dice, en un momento, el padre del secuestrado (Al Pacino, el mismo de aquella Tarde de perros), se parecen bastante a expresiones de funcionarios de nuestro actual gobierno ante el aumento de familias que deben dinero (“Nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse” declaró, despreocupado, Javier Milei). Aún no siendo un film particularmente inconformista, es para celebrar que Van Sant haya sabido recrear episodios del pasado vinculándolos, indirectamente, con el presente, y deslizando señales de alerta, al punto de cerrar con La revolución no será televisada, la icónica pieza del músico y activista estadounidense Gil Scott-Heron.
Fernando G. Varea
